domingo, 19 de junio de 2016

El perfume de las prostitutas de Nueva Orleans


Al caer la noche a principios del siglo XX en Nueva Orleans, surgía un submundo de perdición, un ambiente sofocante de vicio donde borrachos, putas, músicos, jugadores y chulos se entremezclaban. Los placeres ilícitos emergían con los primeros rayos de luna y se fundían con los destellos de los burdeles. Las “casas de citas’” se multiplicaban por cada esquina y las trabajadoras de la calle debían esforzarse por atraer a sus presas, nada que ver con lo que ahora tenemos puesto que el mundo del porno xxx está por todos lados y consumimos la mayor parte del sexo por Internet. Muchas promesas de clientes bravucones, dispuestos a hacerlas princesas, pero también mucha competencia. Había que agudizar el ingenio para llevarse, como se suele decir, el gato al agua.
Entre 1897 y 1917 se legalizó la prostitución en Storyville. Alrededor de 2000 mujeres ejercían allí su profesión y digamos que surgió la generación previa a las chicas que hoy en día hacen videos xxx. Generaba tantas ganancias que se convirtió en la segunda industria de la ciudad, después del tráfico portuario. Pero Nueva Orleans contaba con un deficiente sistema de alcantarillado. Más allá del blues de Basin Street, la avenida principal, las estrechas calles sin asfaltar del distrito rojo, apenas alumbradas por la tenue luz de las farolas de gas, se convertían en un hervidero de gente y de olores. La ciudad, asentada bajo el nivel del mar, se embarraba cuando llovía o subían las aguas del lago Pontchartrain. No era lo que se dice una esencia agradable.
En un intento por contrarrestar los hedores pantanosos del bullicio, y con el ánimo puesto en captar a más clientes, las prostitutas del porno empezaron a utilizar una fragancia de jazmín (jasmine). No les fue mal. Causaba tanto furor entre su comitiva de candidatos que no tardaron en ser conocidas como jass-belles. Aquel que abandonaba el burdel, aún impregnado del aroma de la pasión del perfume de jazmín, se decía que estaba “jassed“. A los músicos que tocaban en esos lugares se les pedía que lo hicieran en un estilo “jassed“, es decir, sexy, para que pudiera inspirar los bailes de las meretrices y satisfacer al personal masculino.
Curiosamente, de la expresión “jassed” surgió la música que ahora conocemos como “música de jazz”.

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